La cargada agenda del nuevo ministro de Educación

15.06.2018

Por Edgar Delgado M.
Reputation Leader, CCK Centroamérica

De todos los ministros que asumieron el cargo el pasado 8 de mayo, Édgar Mora Altamirano es uno de los que tiene la agenda de trabajo más cargada para los próximos cuatro años.

Recordemos que el Ministerio de Educación Pública (MEP) recibe la mayor cantidad de recursos del Gobierno central, a saber, más de ₡2,6 billones; tiene una planilla de 82.500 colaboradores y atiende a 943.000 estudiantes.

La agenda del nuevo ministro, entonces, incluye no solo temas del día sino también tareas como reorganizar un ministerio que cada día tiene más presupuesto y más educadores, pero que se enfrenta al hecho de que en nuestro país nacen menos niños.

Uno de los retos de corto plazo será aumentar la cobertura de los comedores escolares (hoy en 88%) y convencer a las cocineras de aplicar el nuevo menú que empezó a regir desde el año pasado (solo un 27% de los centros educativos lo ha implementado).  También deberá ajustar las labores de las Juntas Administrativas y de Educación, pues recientemente, el MEP decidió que estos comités ya no realizarán las licitaciones de las obras en las escuelas, labor que ahora recaerá en el Ministerio.

El otro pendiente tiene que ver con la implementación del sistema electrónico para tramitar las becas del Fonabe en las 27 direcciones regionales del MEP.

En cuanto a los planes de estudio, a partir de este año se está aplicando la nueva política curricular que implica ajustes en 32 planes. El reto no solo consiste en su implementación sino corroborar que los cambios cumplan el objetivo original: educar por competencias y habilidades.

Otro objetivo medular de esta administración será acelerar la ejecución del fideicomiso para mejorar la infraestructura educativa, que tiene $167 millones financiados por el BID y cuyo objetivo es construir 80 escuelas y 23 canchas techadas. A finales del año pasado, solo tenía un 9% de avance.

Y si de manejo de recursos se trata, quizá la principal crítica (y, por lo tanto, tarea pendiente) es el manejo del presupuesto del Ministerio. El Programa Estado de la Nación ha cuestionado que los incentivos pagados a los docentes no se traducen en un mejor rendimiento educativo.

 

Un estudio reciente de OCDE llamó la atención de que el país tenía un presupuesto más elevado en educación que el promedio de los países que conforman la Organización pero que esos recursos deberían gastarse con mayor eficiencia. También sugirió rebalancear ese presupuesto y fortalecer más la educación secundaria, que tiene las tasas de abandono más altas (7,2% en el 2017).

Aquí aparecen las tareas más estructurales de don Édgar: Primero, ¿se debe considerar dentro de la inversión en educación el presupuesto del INA y de la Red de Cuido? Si es así, el país ya tiene cuatro años consecutivos de cumplir con el mandato constitucional de destinar un 8% del PIB a la educación, pero si no, aún sigue debiendo. Segundo, ¿debe seguir creciendo el presupuesto y la planilla del MEP si se toma en cuenta que en los últimos 10 años la cantidad de niños matriculados en las escuelas cayó un 14% debido a una baja en la tasa de fecundidad?

Las respuestas a estas preguntas tienen que ver más con un enfoque país que con un estilo de dirección de los nuevos jerarcas del Ministerio. Lo cierto es que mantener y potenciar un alto nivel educativo en nuestra juventud es la principal pieza en el engranaje para disminuir la pobreza y la desigualdad.